Hechos no palabras…

U.S. Troops Surrounded by Holiday Mail During WWII

Unos días atrás la prensa local se hizo eco de una carta signada por parte de la comunidad intelectual uruguaya, la misma pedía urgentemente emprender acciones para mejorar la educación.

La carta tiene un cometido muy loable y bienintencionado, pero lamentablemente utiliza como argumento la inclusión de algunos indicadores que aislados podrían distorsionar la percepción final.

Desgraciadamente no es ninguna novedad, hace tiempo que estamos en crisis y como comentaba en mi anterior post “Finlandia: ¿Receta para la crisis educativa?”, la crisis no solamente es  nacional sino mundial, no solamente es educativa, sino económica y social.

“Estamos frente una escuela del siglo XIX, con docentes del siglo XX y alumnos del siglo XXI” aunque comparto parcialmente esta  frase trillada  y abogo fervientemente   por una revolución educativa  -pues no estoy conforme con el rumbo ni  los logros escolares alcanzados- aun así nunca diría que la educación está estancada.

Mi postura no pretende defender la actual dirigencia política al frente de los órganos educativos y mucho menos avalar la burocracia, gran lastre de nuestra sociedad.

Debemos tener actitud crítica y analítica de la situación, para así poder fijar nuevas metas que nos permitan avanzar de forma sostenida. Pero los problemas complejos y multicausales no deben analizarse y explicarse desde un solo ángulo y la inclusión de indicadores debe realizarse con mucho cuidado, relativizando su poder, pues pueden ofrecernos una visión sesgada de la realidad.

Dan Gilbert dice que tenemos muchos problemas para comparar diferentes sucesos que pasan en diferentes momentos del tiempo, pues inconscientemente simplificamos los datos obteniendo resultados erróneos (por ejemplo el clásico “todo tiempo pasado fue mejor”). Definitivamente nuestros cerebros evolucionaron para trabajar en un mundo en el que ya no vivimos. Gilbert explica los porqués en una charla TED que recomiendo, llamada “Nuestras expectativas erróneas”.

Y para graficar la constante evolución social nada mejor que invertir 4 minutos de nuestras vidas en disfrutar a Hans Rosling del Instituto Karolinska, quien nos mostrará 200 países, en 200 años en tan solo 4 minutos.

Volviendo a la educación uruguaya, con los actuales indicadores podríamos generar titulares de presa como estos:

“La repetición en primaria se redujo en un 40%  en los últimos 8 años” (Total 1º a 6º grado en 2002: 10,3% y en 2010: 6,2%).

“El Uruguay de hace 50 años tenía una tasa de analfabetismo 5 veces mayor que la actual” (En 1963 el 9,47% de la población era analfabeta (casi 1 de cada 10), en 2009 era el 1,8% -casi 1 de cada 50- y la tasa en la franja de 15 a 24 años es del 1% -1 de cada 100-).

“La matricula de educación inicial aumentó un 63% en los últimos 15 años” (de 69.464 niños en 1995 a 109.819 en 2010).

Claramente el mundo de 1960 no tiene nada que ver con el mundo actual, la educación tampoco y según estos datos definitivamente no está estancada.

También me duele apreciar que el palabro “Ni-Ni” se ha transformado prácticamente en un eufemismo para  “pobres analfabetos”. Aunque es preocupante tener adolescentes fuera del sistema educativo y del mercado de trabajo, los números nuevamente pueden ser relativizados, pues según el INJU solamente el 6,1% de los jóvenes no trabaja ni estudia, el resto, 11,7% busca empleo o el mismo no es remunerado.

Este año, la economía uruguaya alcanzó la tasa de empleo más alta de su historia, con 60,4% de la población en edad de trabajar ocupada. Eso implicó que en cinco años, 226 mil personas que buscaban o no un empleo, ingresaron al mercado laboral y comenzaron a percibir un sueldo. Así, el número de desocupados se redujo a la mitad.

Recapitulando no estamos estancados, si debemos realizar un cambio radical para que los establecimientos educativos no solamente sean centros de inclusión y socialización, sino entes trasformadores que permitan dar un paso hacia adelante en la formación de  uruguayos cada vez más críticos, creativos, solidarios y felices.

Un camino posible es apostar en al perfeccionamiento docente, pues no hay nada que afecte más a la calidad educativa que un buen profesor, el problema aquí radica en que a priori no se puede determinar si el profesor es bueno o no, pero esto lo dejo para un próximo post.

 

4 comentarios sobre “Hechos no palabras…

  1. Me gusto mucho el artículo y su titulo, hechos y no palabras, mas allá de las estadísticas que son contundentes y no discutibles, pienso que se aprecia o se huele en el aire, por el mero hecho de repetir las frases, la sensación de estancamiento, de no poder avanzar. Creo que se debe trasmitir esperanza a los jóvenes y no incentivar la idea de que nada sirve y todo marcha muy mal, alumnos críticos si pero positivos, como dice el artículo. La sensación de impotencia que se siente, se trasmite y el docente muchas veces lo hace, por eso hechos y no palabras, hay mucho por hacer, pero mucho se está haciendo también, demos buenas noticias que las hay.

  2. Me parecio bueno el articulo, creo que la educacion no esta estancada , si hay mucho para mejorar, siendo creativos, novedosos, e integrando arte, musica, diseño, ….. cultura general. Con mucha paciencia que exista una pertenencia a cada instituto, a cada barrio, con una actitud de solidaridad y servicio.

    Saludos
    Mario

  3. Estoy de acuerdo con el espíritu del artículo, aunque no puedo dejar de pensar en que los números, si bien son representativos, nos quitan la posibilidad de acceder a cuotas de realidad que enriquecen y complejizan la discusión.
    Por ejemplo: ¿Por qué bajó el índice de repetición en Primaria? ¿Están aprendiendo más nuestros estudiantes o el sistema se volvió más laxo para contener a los que siguen sin aprender? Me planteo esto porque este año me encontré (como docente de primer año de Secundaria) con 4 alumnos analfabetos, ¡avalados por Primaria en su transcurso por la escuela! ¿O es que Primaria ya no certifica aprendizajes? ¿Tiene algo que ver esto con el alto índice de desersión y repetición en Secundaria y UTU?
    Ojalá las instituciones educativas se encargaran de incluir (de verdad) y de socializar (de enseñar los valores de la convivencia, la dignidad y el trabajo), como das por sentado en tu artículo. Creo que recién cuando podamos cumplir este objetivo (obviamente social y económico), nos podremos preocupar por lo demás.

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