“El rol del tutor virtual” por Jennifer Silva

Fractal Rhombic RingDesde el sentido etimológico del término “tutor”, pienso que especialmente le compete diseñar estrategias para acompañar un proceso de enseñanza prediseñado, que desconoce las singularidades de los aprendientes -pues se diseña en su ausencia, en base a un aprendiente tipo-, con contenidos seleccionados, organizados y propuestos por otro. Apoyar este proceso necesariamente implica personalizarlo y adaptarlo. Y este apoyo sólo puede darse cuando el tutor virtual toma en cuenta quiénes son los tutoreados. Así podrá enriquecer al grupo con sus potencialidades, intereses y formación individuales, invitándolos a compartir sus conocimientos y perspectivas. Paralelamente tendrá la tarea de considerar las falencias que pudieran presentarse en cada uno o a nivel grupal, para poder organizar los andamiajes necesarios. Por esto considero como insumo para el tutor el módulo de presentaciones con el que suele iniciarse un curso virtual. En general se le atribuyen a éste solamente fines sociales, que si fuera el caso, no son ajenos a los procesos de aprendizaje.

Parte de la personalización también tiene que ver con ser sensible a los intereses y características de cada grupo. Es habitual que, en algunos grupos, determinados contenidos o propuestas gusten más, lo cual brinda al tutor la posibilidad de complejizar los temas planteados con preguntas, sugerir otros materiales para promover la reflexión o realizar otras propuestas optativas para aquellos que deseen realizarlas. Cada grupo, además de tener un área que podríamos llamar productiva, va a tener aquellas que le dificultan, y aquí tiene que estar también el tutor, para allanar el camino y orientar a los tutoreados. De esta forma, así como el docente en su clase cuenta con una diversidad de estudiantes para los cuales tiene que implementar distintas estrategias de enseñanza, el tutor deberá atender a la diversidad de su grupo de tutoreados de forma similar. Entiendo, así, la orientación, como la guía necesaria para facilitar procesos de aprendizajes que por definición son diversos. El tutor, entonces, evaluará constantemente la situación personal y grupal de sus tutoreados respecto a los procesos de enseñanza y aprendizaje que se propone facilitar, para definir los apoyos y orientaciones necesarios, y luego, volver a evaluar en un proceso circular y continuo.

La virtualidad grabará rasgos específicos al apoyo y orientación realizada por el tutor, en tanto que, con su realidad paralela, coexistente y que no deja de ser real, abre una serie de posibilidades y también de desafíos que hay que saber manejar. Por un lado, permitirá una interacción asincrónica y ubicua, desligada de los tiempos y espacios concretos de la que es cara a cara. Esto permitirá tanto al tutor como a los tutoreados disponer del tiempo y espacio para la participación, el estudio y el aprendizaje de forma más flexible, siendo cada uno, dentro de los márgenes acordados -fecha de entrega de tarea, de aporte a un foro, de corrección o devolución- quien los elija y regule. El desafío, en este caso, es que no se pase de la autorregulación al abandono. Entiendo que acompañar el proceso de los tutoreados implica la implementación de estrategias para que la no presencialidad sea una ventaja y no una invitación a descender el compromiso por no poner el cuerpo ante la mirada cara a cara de un otro que lo convoca. Pienso que es tarea del tutor virtual establecer compromisos bilaterales, tanto respecto a las fechas y rasgos de lo solicitado a los tutoreados como respecto a las devoluciones.

La virtualidad, de esta forma, propone otro tipo de interacción: una interacción mediada por la pantalla de un dispositivo. Es esta mediación la que brindará, por un lado, la posibilidad de pensar y repensar nuestras intervenciones. Al perderse la instantaneidad de la interacción cara a cara -y también su espontaneidad-, tutor y tutoreados pueden pensar y planificar sus aportes, enriquecerlos de la reflexión y la búsqueda de la información certera que en cada caso se requiera. El desafío que se presenta, desde mi punto de vista, tiene más que ver con cómo crear un vínculo afectivo, de mutuo reconocimiento y respeto del rol, vínculo que en muchos casos sostiene los procesos de aprendizaje típicos que se producen cara a cara. El apoyo, el aliento ante situaciones personales de estrés, ante el trabajo que se acumula, no es sencillo brindarlo a través de una pantalla, y mucho menos fácil es solicitarlo. De ahí el riesgo de deserción de los cursos virtuales, como lo comprueban sus índices actuales. El vínculo, de generarse, permitirá potenciar la distribución de conocimientos invitando a cada tutoreado a aportar su saber y a compartir. Es de esta forma que, según considero, se sientan las bases para la construcción de una comunidad educativa. Por ello, pienso que es tarea del tutor virtual apoyar la construcción de este vínculo, a través del cual estar disponible, dar seguimiento al proceso de cada tutoreado, ofrecer ayudas ante la ausencia de los tutoreados en la plataforma y estimular el apoyo y acompañamiento mutuo.

Esta interacción mediada también tendrá otra consecuencia: la pérdida del componente no verbal -la gestualidad y la entonación, por ejemplo- de la comunicación. En ocasiones -y sumado al asincronismo- esto puede dar lugar a malos entendidos, en los que el tutor deberá mediar. Su orientación, por tanto, no tendrá que ver sólo con los contenidos, sino también con las formas de relacionarse en línea. Mediar implicará mostrar con el ejemplo las llamadas normas de netiqueta, implementar estrategias de resolución de problemas ante interacciones “poco felices”, tener “tacto” y sensibilidad para manejar cada intervención. A pesar de constituir un desafío, el tipo de comunicación establecido dará la oportunidad de utilizar otros recursos multimediales para comunicar, y de esta forma, diversificar las vías de acceso al conocimiento, una nueva ocasión para que el tutor personalice los procesos de enseñanza y aprendizaje que promueve.
En conclusión, considero al tutor como facilitador y agente de formación. De él depende transformar una plataforma virtual de aprendizaje en un verdadero entorno de aprendizaje, reconstruido colaborativamente y constituyente de una comunidad de aprendizaje. Este es el desafío.

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